En más de una ocasión
todos hemos tenido que recurrir a los gestos, a la mímica o al dibujo para
poder expresarnos.
Hay veces que el idioma
nos distancia; no todos conocemos a la perfección el inglés, y, además, es muy
probable que acabemos en algún rincón del mundo donde Hollywood no haya
llegado. Es entonces, cuando tenemos que tirar de algunas palabras básicas
rascadas en algún diccionario de bolsillo o de garabatear algún dibujo o cifra.
Son momentos en los que la mímica se convierte en nuestro principal aliado, qué
digo principal, el único. Los gestos, la sonrisa, el teatralizar, el convertir
las palabras en algo físico, enfatizar una necesidad o un deseo o una
interrogación se convierte en tarea primordial.
¿Cuántos de nosotros en
alguna ocasión nos hemos dado cuenta que nuestro nivel de inglés es ridículo,
que no sabemos ligar dos frases seguidas o que no entendemos el idioma con que
nos hablan? ¿Cuántos de nosotros no hemos acabado escribiendo las cifras de
aquello que estamos comprando en una libreta o al querer encontrar un lugar
hemos acabado por dibujarlo?
Pues eso, que a todos
nos ha pasado, que hemos tenido que tirar de la inventiva para poder
comunicarnos… Así que ¿Por qué no nos lo cuentas? Explícanos aquella vez que el
lenguaje verbal no te sirvió de nada.
Aunque en Twitter no
sirvan los gestos…
Y de regalo una cita del
gran Ryszard Kapuscinski:
“Comprendí que cada mundo
entrañaba un misterio y que el acceso al mismo sólo lo podía facilitar la
lengua. Sin conocerla, ese mundo permanecería insondable e incomprensible, por
más años que pasásemos en su interior”, Viajes con Heródoto.